Marta Torrijos conquista Motilla del Palancar con un concierto lleno de talento, emoción y personalidad
La Parroquia San Gil Abad de Motilla del Palancar se llenó este domingo para acompañar a Marta Torrijos Pardo en una noche que terminó siendo mucho más que un concierto de piano. Fue la presentación ante su pueblo de una joven intérprete con técnica, sensibilidad y una personalidad escénica capaz de sostener por sí sola todo el recital.
Marta no se limitó a sentarse frente al piano y tocar. Construyó una historia, llevó al público de una parte a otra del programa y consiguió que cada pieza tuviera un sentido dentro del conjunto. Lo hizo con las manos sobre el teclado, pero también con una sorprendente seguridad ante el micrófono, explicando cada bloque, contextualizando las obras y acercando al público a la intención con la que había concebido el concierto.
Desde los primeros minutos quedó claro que la noche giraba alrededor de ella, de su manera de entender la música y de la evolución que ha experimentado como pianista y creadora.
La primera parte del recital estuvo dedicada al repertorio clásico, el territorio en el que se encuentran las raíces de su formación.
Fue un comienzo elegante y contenido, en el que Marta pudo mostrar la precisión, la técnica y el dominio del instrumento adquiridos durante años de estudio.
Pero el concierto no quería quedarse ahí.
En la segunda parte llegó uno de los momentos más personales de la noche: la interpretación de sus propias composiciones. Marta pasó entonces de intérprete a creadora y abrió una ventana a su propio universo musical.
El cambio tenía algo de declaración de intenciones. Después de recorrer obras ajenas, era el momento de escuchar su propia obra.
Sus composiciones permitieron descubrir una faceta diferente, más íntima y personal, y confirmaron que detrás de la pianista hay también una joven autora que empieza a construir un lenguaje propio y una manera particular de contar a través del piano.
Robe Iniesta, Bonnie Tyler y los homenajes llevaron la emoción al punto más alto
La tercera parte del concierto fue, probablemente, la más intensa emocionalmente.
Marta reservó el tramo final para versiones y homenajes a grandes artistas, y consiguió que la iglesia pasara de escuchar con atención a vivir algunos de los momentos más emocionantes de toda la noche.
Tuvieron un protagonismo especial las canciones de Robe Iniesta, reinterpretadas al piano con una enorme sensibilidad. Marta supo llevar esas composiciones a su terreno, despojándolas de todo lo accesorio y dejando que la melodía y la emoción ocuparan el centro.
A ello se sumó una espectacular interpretación de un tema de Bonnie Tyler, uno de esos momentos en los que el concierto creció de intensidad y Marta volvió a demostrar su capacidad para transformar una canción conocida en algo propio. Su versión al piano destacó por la fuerza, la sensibilidad y la manera en la que consiguió mantener la esencia del tema al tiempo que lo llevaba a un registro mucho más íntimo.
En un espacio como la iglesia de San Gil Abad, y ante un público completamente entregado, estas interpretaciones adquirieron una dimensión diferente.
A este bloque se añadieron además los homenajes a grandes artistas fallecidos este año, uno de los momentos más significativos de todo el recital. La música se convirtió entonces en recuerdo, respeto y emoción compartida.
Fue una parte especialmente sentida, capaz de conectar con los asistentes de forma inmediata y de generar algunos de los instantes más conmovedores de la noche.
Mucho más que una pianista
Uno de los grandes descubrimientos del concierto estuvo, precisamente, en los momentos en los que Marta se alejaba del teclado.
Su forma de dirigirse al público fue una parte fundamental de la actuación. Con naturalidad, seguridad y una gran capacidad para comunicar, fue explicando qué iba a interpretar, por qué había elegido determinadas piezas y cuál era el sentido de cada una de las partes del recital..
Marta consiguió que los asistentes entendieran el concierto desde dentro, que conocieran el hilo que unía las piezas y que se sintieran partícipes del recorrido que había preparado.
Esa capacidad para tocar, explicar y emocionar convirtió la actuación en una propuesta mucho más completa y mostró una notable madurez escénica.
Una iglesia llena para escuchar a una joven que tiene mucho que contar
La imagen de la Parroquia San Gil Abad llena fue también una de las grandes noticias de la noche.
Motilla del Palancar respondió a la cita y acompañó a una joven música de la localidad que pudo mostrar ante su gente el resultado de años de formación, pero también algo quizá más importante: quién es hoy cuando se sienta delante de un piano.

Marta Torrijos enseñó técnica, sensibilidad y versatilidad. Interpretó música clásica, presentó sus propias obras, rindió homenaje a artistas admirados y consiguió emocionar especialmente con las canciones de Robe Iniesta, con su espectacular interpretación de Bonnie Tyler y con el recuerdo a figuras desaparecidas durante este año.
Pero por encima de todo mostró personalidad.
La personalidad de alguien capaz de sostener una iglesia llena durante todo un recital, de hablar al público con seguridad y de transformar un concierto de piano en una experiencia cercana, emotiva y profundamente personal.

El concierto terminó con una gran ovacion de todos los asistentes que disfrutaron de esta edición de música en directo en Motilla del Palancar.

